«La curiosidad sobre la vida en todos sus aspectos, creo, es aún el secreto de los grandes creativos.» – Roald DahlEl asombro y la curiosidad

Roald Dahl, el renombrado escritor, nos regaló una vez estas palabras que invitan a reflexionar sobre la importancia de la curiosidad en nuestras vidas. Algunos podrían argumentar que no tienen tiempo para tal empresa, pero lo que Dahl quizás no se da cuenta es que la inquietud y el maravillamiento no son simples elecciones, sino componentes innatos de nuestra naturaleza. No son caprichos temporales, sino esencias que nos conforman desde el principio y que debemos preservar a toda costa.

Es esencial comprender que nuestro viaje en la vida está entrelazado con las líneas de nuestra curiosidad. La longitud y la viveza de este camino dependen de la cantidad de asombro que seamos capaces de experimentar. Nos convertimos en prisioneros del entusiasmo que sentimos, tan libres como nuestras risas o tan limitados como nuestros reproches.

Desde nuestra primera toma de aire en este mundo, el Carpe Diem (aprovecha el día) se hace presente. La inquietud nos impulsa a explorar, a descubrir el significado de cada sensación, de cada sonido. Es ella quien nos enseña qué podemos comer y qué debemos evitar, quiénes son nuestros seres queridos y qué nos causa temor. Es por la curiosidad que aprendemos a levantarnos y es por el asombro que permanecemos de pie, maravillados por la diversidad y la belleza que nos rodea.

Al crecer, tendemos a perder esa capacidad de cambiar de perspectiva. Nos conformamos con lo conocido y culpamos a los demás por nuestra falta de entusiasmo. Nos convertimos en prisioneros de la monotonía, ignorando las pequeñas maravillas que nos rodean. Dejamos de creer en la curiosidad de la misma forma en la que dejamos de creer en las hadas de niños. Olvidamos que cada momento es una oportunidad para maravillarnos, para descubrir algo nuevo, para alimentar nuestra inquietud.

Es en momentos de reflexión sobre esto que entendemos el verdadero significado del Carpe Diem, de aprovechar el momento presente. Nos damos cuenta de que la vida es efímera y que debemos abrazar cada instante con toda nuestra energía, con la misma pasión y curiosidad con la que exploramos el mundo en nuestra infancia.

La vejez, entonces, se convierte en un momento de melancolía y descanso. Miramos hacia atrás con nostalgia, recordando todos los momentos de asombro y curiosidad que nos han llevado hasta este punto. Pero también nos damos cuenta de que hemos vivido una vida plena, llena de experiencias y aprendizajes. Nos preparamos para el descanso final con la satisfacción de haber vivido cada día al máximo, con la inquietud siempre encendida, iluminando nuestro camino hasta el último suspiro. Así, el Carpe tem Diem se convierte en nuestro lema, guiándonos en nuestro viaje hacia el conocimiento y la realización personal, recordándonos que cada momento es una oportunidad para maravillarnos y descubrir la belleza del mundo que pronto dejaremos.

Veronica Urdaneta Mejía
Estudiante Grado 11°
The Columbus School - Revista Nuestra ASOPAF / Edición 20

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