El asombro como herramienta para navegar esta era de tantos desafíos

Son muchos los interrogantes que aparecen en los diálogos con padres de familia y educadores acerca de, ¿cómo evitar o detener la adicción a la vida digital o simplemente cómo motivar a los niños que dicen estar aburridos, o en el otro extremo cómo manejar a los niños sobre estimulados? Los límites o las prohibiciones no son la solución.

Parece que no hubiese una fórmula mágica para recuperar el asombro en la infancia o la adolescencia.

Si la hay. Recordemos que el niño al nacer trae consigo curiosidad por descubrir y motivación e interés por aprender, y son las cosas pequeñas que rodean su cotidianidad el incentivo para maravillarse y entender cómo funciona el mundo, construir su identidad, y saber quién es.

Es un compromiso del adulto ofrecerle al niño un entorno que propicie desde temprana edad la curiosidad por conocer y que fomente el desarrollo de su personalidad, aptitudes y capacidades. ¿Cómo hacerlo?

He aquí la invitación para que el padre, o agente educativo atrapado por los afanes, recupere el sentido del asombro y pueda deleitarse y preguntarse tanto como el niño encontrando un balance.

El primero sería el que es el enemigo de las relaciones, el que no permite conectarnos: el “tiempo”, o la falta de él, sin prisa, en la naturaleza. La naturaleza es un laboratorio donde surgen preguntas, hipótesis y respuestas. Sembrar y mantener una huerta es un
ejercicio de espera, paciencia, asombro y felicidad, observar los movimientos de los insectos, las flores, trepar árboles, correr, saltar, es explorar, descubrir e imaginar.

El “juego libre”, salir de casa al vecindario, es la actividad donde el niño movido por el entusiasmo, la curiosidad y por el asombro por lo que descubre, desarrolla las competencias y las habilidades blandas, tales como el trabajo en equipo, la empatía, la creatividad, resolución de conflictos, entre otras, todas necesarias para los desafíos del siglo XXI.

“Escucha”, asombrarse desde una mirada atenta y sensible, sin juicios, dejándolo crecer sin comparaciones, respetando el ritmo del niño, no de lo que le falte, porque no le falta nada, permitiremos que su autonomía aflore, la confianza se afiance, libre de explorar sus talentos será el protagonista de su aprendizaje.

El “lenguaje del silencio” y la “atención plena” (mindfulness) tiene como enemigos los estímulos externos que alejan de la realidad y el aprendizaje interior. Estas prácticas propician la pausa y la observación, la capacidad de asombro, de esperar y pensar, permiten bienestar y fomentan un desarrollo emocional sano y alegre.

Como educadora doy fe de un sinfín de memorias que podría narrar en este ir y venir de asombros, emociones y encuentros con la infancia que permiten el desarrollo del SER en esta era digital que no podremos detener.

Bienvenidos a educar con alegría, al asombro, a las relaciones y al diálogo.

  • L’Ecuyer C, Educar en el asombro (2012), Educar en la realidad (2015), España.

Elizabeth Karpf M. Ed
Abuela de Matilda y Leticia
Familia Viaña Arana
The Columbus School - Revista Nuestra ASOPAF / Edición 20

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