¿Algo no salió bien? Juega para sobreponerte a la frustración

El juego es una herramienta extraordinaria para el aprendizaje que abre especiales posibilidades en la apropiación de los más diversos saberes, ayuda a mejorar la percepción sensorial, desarrolla la capacidad de relación y estimula la fantasía. Con frecuencia es también un proceso creativo que implica solución de problemas, aprendizaje de nuevas habilidades sociales, nuevos lenguajes y nuevas destrezas físicas y llega a ser tan importante que permite la construcción y la puesta en práctica de nuevas ideas, la adaptación social y la superación de dificultades emocionales, especialmente cuando se encuentra implicada la imaginación.

En este sentido, una de las misiones del juego parece estar situada en la adquisición de conocimientos indispensables para el desarrollo de una vida en bienestar, por lo que debe incluirse dentro del proyecto de la enseñanza global de la vida. Así, jugar nos permite crecer desde lo humano y apropiarnos de todas las competencias sociales necesarias para establecer relaciones sanas con los demás.

En consecuencia, la reflexión de la influencia del juego sobre la vida de niños, jóvenes y adultos va más allá del mero entendimiento de lo que representa jugar para los procesos cognitivos, pues en la vida tendremos que afrontar las más variadas situaciones, en las que será indispensable la capacidad para adaptarnos y encontrar soluciones alternativas ante lo que se presenta como un problema, es allí donde los juegos de construcción se revelan como una actividad seria que nos permite aprender a correr riesgos, superar obstáculos y controlar las más adversas situaciones, en síntesis, nos permite afianzar y consolidar un tipo de habilidades que nos conducen a un mayor dominio sobre nuestras emociones.

De este modo, jugar para aprender a sobreponernos ante la frustración es una alternativa que nos enseña a ser más tolerantes cuando algo no sale como lo esperábamos. Así, el juego se convierte en un campo de aprendizaje porque a través de éste nos planteamos retos, nos trazamos objetivos alcanzables y superamos adversidades, aceptamos que los errores son parte del proceso y los entendemos como una oportunidad para comenzar de nuevo y hacerlo mejor y aprendemos sobre todo a pedir ayuda cada vez que de ella necesitamos.

Finalmente, jugar y en especial con piezas de construcción posibilita enseñar los valores del esfuerzo, la constancia, la paciencia y la dedicación, así mismo jugar en grupo permite desarrollar competencias sociales como la solidaridad, la ayuda recíproca, el apoyo y la empatía, competencias que son fundamentales para la supervivencia en una sociedad que le cuesta cada vez más aceptar y sobreponerse ante la frustración.

Daniel Osorio
Papá Estudiante 5° Grado
The Columbus School Revista Nuestra ASOPAF / Edición 19