“El camino hacia la tolerancia al fracaso”
La felicidad (1) es un manantial interior, que brota del ejercicio de nuestro “equipamiento de vida”, el cual vamos adquiriendo en la búsqueda de una mejor versión de nosotros mismos. La capacidad de sobreponernos a fracasos, o pérdidas, es parte de ese equipamiento; en las adversidades se convierte en blindaje para nuestra salud mental, y nos hace más felices.
“El fracaso es parte esencial del éxito, si no fallas no aprendes, y si no aprendes no mejoras”.
Un camino virtuoso que nos permite el desarrollo de la habilidad de “capotear” los fracasos, estaría construido de: Propósito -> Optimismo -> Perseverancia -> Corrección -> Éxito.
-El propósito (2) nos motiva y orienta, nos mantiene en la ruta, suele ser nuestro salvavidas para los momentos en los que las derrotas nos arrastran rio abajo; hacer conciencia del propósito nos permite nadar en contra del desconsuelo, y volver a salir a la orilla del camino que pretendemos recorrer.
-El optimismo (3) mantiene encendida la hoguera, es el yesquero de nuestras posibilidades, no deja apagar las ilusiones, conserva viva la luz del propósito; las derrotas, aunque las tengamos, son circunstancias y no puntos finales, hace de la crudeza de algunas realidades, sentimientos para desechar, no para reciclar. Aún en el suelo nos sentimos dueños del derecho de volvernos a parar.
-La perseverancia (4) es el combustible de nuestras decisiones, la fuerza interior, la medida anticíclica de todo aquello que pareciera no estar a favor, y que por momentos nos aleja del propósito; es la cuota de sacrificio entre lo fácil y cómodo y lo difícil e incómodo; es la vitalidad para volver a erguir la mirada, y seguir escogiendo la más indicada de las rutas hacia el logro; el no rendirse. “Un ganador es solo un perdedor que lo intentó una vez más.”
-La corrección es la sabiduría acumulada de nuestros tropiezos, el continuo de ensayar, errar y volver a ensayar; el borrador de los sinsabores que nos deja la frustración de los desaciertos; la semilla de la creatividad, del cambio y de la perfección; el espacio para trabajar en equipo.
Ese camino del propósito, el optimismo, la perseverancia y la corrección, que nos puede llevar al éxito, aun cuando se nos presenten algunos fracasos intentándolo, lo tenemos que recorrer bajo un constante aprendizaje; difícil pretender que con unas pocas experiencias, y en poco tiempo, seamos capaces de asimilar lo mucho y bueno que necesitamos; nos puede tomar un buen tiempo madurar la virtuosidad implícita en dicho camino. De nuestros padres y maestros podemos recibir las primeras guías; en un artículo que nos permitió traducir y publicar el Dr. Travis Bradberry, en la edición No. 10 de la Revista Nuestra Asopaf, titulado “Útiles guías para hacer de nuestros hijos verdaderos líderes”, nos dio a conocer sencillas acciones formativas, entre las cuales merece destacarse la de: “Permitirles experimentar riesgo y fracaso”, que no es otra cosa que abrir el espacio al desarrollo de la habilidad para aprender a tolerar el fracaso. “Al asumir riesgos, ganar nos dará alegría, perder nos dará sabiduría”. El miedo a fracasar puede llevar a no hacer nada, o a tener comportamientos poco éticos, como trampas en los exámenes, en los juegos, en los negocios, o a la mentira justificativa del fracaso.
La tolerancia al fracaso debería llegar a ser un hábito cultural en la sociedad. Un ejemplo de ello se da en la cultura de innovación de Silicon Valley, en la cual el fracaso es asumido como una parte necesaria del éxito. El periodista y escritor argentino, Andrés Oppenheimer, en su último libro: “Como salir del pozo” (5), después de presentar una investigación personal que realizó en distintos países del mundo, sugiere diez valiosas recetas, una de ellas es: “Dar clases de felicidad en las escuelas”, allí dice: “Y las clases de Felicidad, o de Educación Positiva o de Habilidades Socioemocionales, o como queramos llamarlas, es probablemente la mejor forma de enseñarle a las nuevas generaciones a tolerar los fracasos, elevar la autoestima, ser más optimistas, darle rienda suelta a la creatividad, encontrar un propósito en la vida y construir relaciones más valiosas”.
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(1) Lectura sugerida: Articulo en Revista Nuestra Asopaf, edición No. 2 - “Siempre detrás de ella…”
(2) Lectura sugerida: Artículo en Revista Nuestra Asopaf, edición No. 12 - “Propósito y felicidad”
(3) Lectura sugerida: Artículo en Revista Nuestra Asopaf, Edición No. 11 - “El optimismo: una energía vital”
(4) Lectura sugerida: Artículo en Revista Nuestra Asopaf, Edición No. 9 - “Perseverar, perseverar, y perseverar”
(5) “Cómo salir del pozo “, Andrés Oppenheimer - Penguin Random House, septiembre 2023.
Orlando Prada López
Miembro Honorario
Junta Directiva ASOPAF - The Columbus School - Revista Nuestra ASOPAF / Edición 19
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