Mindfulness, habitando nuestro ser

Mucho hemos oído hablar del Mindfulness, conciencia plena, nos dicen en general que cuando logramos vivir en el presente, reducimos los momentos de estrés, pues el pasado genera nostalgia y el futuro genera ansiedad. 

¿Pero cómo lograr vivir en el presente cuando el mundo pareciera girar a mayor velocidad, los días son más cortos y hasta los niños sienten que Navidad llega cada vez más rápido? 

Nos hemos olvidado de sentir.  El cuerpo humano posee un sistema nervioso inigualable, perfecto y autónomo, que se conecta con cada uno de nuestros órganos, mandándonos mensajes que perdimos la capacidad de percibir al vivir inmersos en los estímulos exteriores. 

Las pantallas, notificaciones de las redes sociales, de reuniones a cada hora del día, cirugías, rellenos corporales y faciales, inmovilizadores gesticulares, placebos, presiones familiares, sociales y morales que nos dicen qué hacer, cómo hacerlo, cómo comportarnos, cómo movernos, etc. nos confunden y  hacen que nos olvidemos de sentir, rechazando nuestro cuerpo y sus mensajes, olvidando que el cuerpo lo sabe todo, que es perfecto y entiende todo lo que nos sucede. Nos manda señales que no escuchamos pues siempre hay alguien que nos pueda diagnosticar con mayor precisión. 

Ese sentir que nos anuncia una enfermedad, tristezas o alegrías, que nos anuncia que viene una emoción, como cuando te va a recoger alguien que te gusta y sientes cosquillas en el estómago, te sudan las manos, te da calor y se te ponen las mejillas rojas. Ese sentir que nos dice que vamos a explotar de la rabia porque nos da sed, nos late el corazón rápido y se nos tensa la mandíbula. 

Ese placer de saborear la comida de la mamá que más nos gusta y que nos trae sensaciones fuera de este mundo, allí funcionan todos los sentidos en su máxima potencia y el corazón nos recuerda lo amados que somos. 

Sí sentir. Sentir los pies en contacto con la tierra para saber que pertenecemos a este mundo. Sentir que cualquier molestia, problema o angustia que tengamos la podemos sentir en nuestro cuerpo y transitar con nuestro sistema nervioso, con recursos internos que solo los seres humanos poseemos, como cerrar los ojos, respirar profundo o abrazarnos y recursos externos que nuestros 5 sentidos perciben con claridad. 

Se hace indispensable solo sentir, vivir cada momento, lo que suceda después lo resolveremos después. Hoy estoy en una reunión con un cliente, lo miro a los ojos y observo que pasa en él con la conversación que tenemos, miro que lo rodea y le entrego mi total atención, si él hace lo mismo entonces tendremos una excelente comunicación, lo mismo pasa cuando hablamos con nuestros hijos, con la pareja, padres  y con los amigos, la única forma de generar comunicación es en el presente, con la conexión visual y la interacción del diálogo donde aportamos lo que cada uno piensa, de esa forma nuestra energía se comunica y logramos convertir conversaciones pasajeras en conversaciones que generan valor, así sean de temas ligeros, pero la mirada, la conexión con la tierra, la escucha, la atención en lo que dice el otro, nos lleva a una comunicación más allá de lo imaginado. 

¿Te ha pasado que hay personas que al hablar con ellas te generan calma? Generalmente estas personas tienen una mayor conciencia y tienen la capacidad de ayudarte a bajar la revolución, son personas que nos co-regulan con su capacidad de sentir, de habitarse, de estar presentes aquí y ahora. 

Cuando observamos las sensaciones de nuestro cuerpo tenemos la oportunidad de estabilizarnos en situaciones de estrés mucho más rápido, respirar y recuperarnos. Pero no vamos a empezar a sentir y a estar presentes de la noche a la mañana, debemos recuperar esa habilidad y para eso debemos entrenar como se entrena para desarrollar cualquier habilidad, deportiva, artística o cognitiva. 

Debemos trabajar cada día y enfocarnos en algo específico que queramos sentir hasta que lo volvamos hábito, por ejemplo, estar presentes cada amanecer, antes de levantarnos mirar a nuestro alrededor, sentir el cuerpo, que molestia tiene, sentir el clima, escuchar los sonidos que nos rodean, los olores, permanecer y agradecer antes de poner los pies en la tierra. O tal vez sentir el agua cada mañana al bañarnos, percibir las sensaciones al lavarnos el pelo, sentir la espuma caer, detectar si el agua relaja alguna tensión. Al comer, usar nuestro maravilloso sentido del gusto, pero con disfrute, sintiendo la textura, el sabor de cada alimento, hablando menos y disfrutando más. Esto podemos hacerlo cuando comemos solos, pues cuando estamos con amigos o familiares la presencia debe estar en el disfrute de la compañía, sin teléfonos, ni pantallas que nos distraigan con sus alertas y sonidos, con esa conexión visual y el placer de saborear algo rico al lado de alguien que amas. 

En resumidas cuentas, habitar la mejor casa que podemos tener, nuestro cuerpo. Ahí está el Mindfulness, en nosotros mismos, solo necesitamos encontrar las llaves de nuestra propia casa y decidirnos a habitar la totalidad de nuestro propio ser.

Liliana Ruiz
Mamá Grado 6° y 7°
The Columbus School - Revista Nuestra ASOPAF / Edición 23